En la docencia, la pasión es la clave

Como en todos los ámbitos de la vida, la clave del éxito tiene que ver con la pasión que le imprimimos a lo que hacemos. Nada más satisfactorio que amar aquello a lo que le dedicamos gran parte de nuestro tiempo y de nuestra energía.

Dar una clase no es la excepción. El primer ingrediente para hacer de la enseñanza una tarea placentera es imprimirle gusto desde el inicio. Los conocimientos son importantes, por supuesto que sí. Eso no entra en discusión. Sin embargo, solo con el conocimiento no se va a lado alguno. Enseñar requiere mucho más que saber. Eso es solo un ingrediente esencial para comenzar. ¡Más en estos tiempos!

Utiliza tu conocimiento y tu amor por el tema para diseñar ejemplos con los que los estudiantes puedan identificarse fácilmente. Muéstrales el contenido a través de una actividad interesante o una actividad grupal. No importa si es una clase en la modalidad presencial o si se trata de una clase online, el punto diferencial está en el entusiasmo por compartir lo que se sabe, en el desprendimiento mostrado por el docente. Esto es determinante, pues el alumno percibe al instante la emoción que predomina en el profesor y se sintoniza con esa energía. Tú lo debes haber vivido como alumno ¿Cuál de tus profesores fue excepcional? ¿Recuerdas que lo hizo especial?

Ojalá no haya sido uno, sino muchos los que vinieron a tu mente, pero en caso de que haya sido solo uno, piensa cómo lo logró. Quizá con su pasión por la enseñanza, o porque se tomaba el tiempo para relacionarse contigo, o porque inventaba mil modos para hacer interesantes los contenidos sin importar lo denso que fuera el tema. Estoy segura de que algo de esto hubo. Los maestros apasionados pueden mostrar tanto entusiasmo por las fracciones como lo harían por su equipo deportivo favorito, y ese tipo de entusiasmo inevitablemente se contagia.

Si vas a emprender como instructor, toma a ese profesor como modelo para lo que puedes hacer tú. Emúlalo. Fíjate que no dije imítalo. Dije emúlalo porque emular sugiere que puedas superar a tu maestro. Tal vez no estudiaste para ser profesor, pero los caminos de la vida te llevaron a serlo. De entrada, sin mucho entrenamiento, sabes que tienes como misión lograr los objetivos instruccionales, pero si te dejas llevar por la magia de educar, tu impacto será mayor. ¿No te gustaría ser el primer recuerdo que viene a la mente de uno de tus alumnos cuando le pregunten quién fue ese profesor que dejó huella en su vida? ¡Es posible lograrlo! Desarrolla habilidades facilitantes, echa mano de estrategias instruccionales, pero hazlo con energía y amor. El resultado no ser hará esperar.

Yeliz Hernández

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